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LyFC: Muere un elefante blanco

Octubre 11th, 2009 | 2 Comments

Un político no debe actuar para agradar a la gente, debe emprender acciones de fondo dirigidas a resolver los problemas estructurales del país. Las soluciones provisionales no sirven en los tiempos tan difíciles que se viven con la crisis financiera internacional. El Presidente Felipe Calderón tomó una decisión difícil, polémica, pero necesaria: liquidar a Luz y Fuerza del Centro (LyFC).

Contrario a lo que la izquierda vocifera, la extinción de esta compañía no se trata de golpear a los sindicatos, a los trabajadores de la empresa o por pretensiones de privatizar el sector (la teoría de la conspiración predilecta de los zurdos mexicanos); se trata de evaluar las empresas públicas y desaparecer aquellas que no funcionan.

Las razones:

  • LyFC ha recibido durante los últimos años tajadas presupuestales que lejos de disminuir han aumentado de 2001 a 2008 un 200%; no obstante, la compañía no ha producido la energía suficiente para abastecer a todos los usuarios (hecho que justificaría el aumento de sus egresos), llegando a tal punto de ineficiencia que se vio en la necesidad de comprar energía a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
  • Los costos operativos totales de LyFC son casi el doble de los ingresos que percibe por ventas y su desempeño es, por mucho, menor respecto a empresas que prestan el mismo servicio a nivel internacional e incluso respecto al que ha reportado la CFE.
  • El porcentaje de pérdidas totales de energía de Luz y Fuerza del Centro (30.6%) es casi tres veces superior al que presenta la Comisión Federal de Electricidad (10.9%) y los costos unitarios de las obras que ejecuta Luz y Fuerza del Centro son 176% superiores respecto de los costos de la Comisión Federal de Electricidad.
  • Debido a la deficiencia en su infraestructura, en 2008 LyFC no atendió solicitudes de prestación de servicio que en conjunto representan el doble de la demanda energética de Acapulco. La falta o insuficiencia de suministro de energía eléctrica es un factor importante que puede inhibir la decisión para realizar inversiones, lo cual afecta la creación de empleos del país.

Respecto a esta importante decisión, quienes adoran los golpes de pecho gritan: “Es un acto inconstitucional”, pero para sorpresa de nadie, esto no es verdad. El artículo 16 de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales señala:

“Cuando algún organismo descentralizado creado por el Ejecutivo deje de cumplir con sus fines u objeto o su funcionamiento no resulte ya conveniente desde el punto de vista de la economía nacional o del interés público, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, atendiendo la opinión de la Dependencia Coordinadora del Sector que corresponda, propondrá al Ejecutivo Federal la disolución, liquidación, o extinción de aquél’”

LyFC no sólo no tenía una autosuficiencia operativa, productiva y económica, sino que vivía como un parásito alimentándose de transferencias presupuestales del Gobierno Federal, mismas que sólo funcionaron para intentar saciar a un sindicato corrupto y ridículamente oneroso, no para mejorar infraestructura, servicio a los usuarios o disminuir tarifas.

Evidentemente el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) no podía quedarse callado por la cantidad de despidos que habrán con esta transición, pero afrontémoslo, los beneficios económicos y operativos superan por mucho el sacrificio que representa liquidar a los trabajadores de LyFC, que, aun cuando están siendo liquidados, tendrían que tomar en cuenta que el Gobierno Federal les está ofreciendo liquidaciones muy superiores a las que estipula la Ley.

Liquidar a LyFC es una decisión inteligente de desarrollo sustentable a mediano y largo plazo que selló un boquete presupuestal del Gobierno Federal, misma que, esperemos, ayude a amortiguar un poco la situación financiera del país los próximos años y genere mejoras significativas en la calidad del servicio eléctrico en el área central del país.

Sí, aún quedan muchos elefantes blancos que sacrificar (o cazar), pero Roma no se hizo en un día. Éste es un gran primer paso.

- Sergio RR

Juanito somos todos

Agosto 31st, 2009 | No Comments

Diego Petersen Farah publicó un excelente artículo de opinión sobre el fenómeno Juanito en periódico Milenio. Lo comparto con los lectores de Moscas en la plaza:

JUANITO: NUESTRO ESPEJO

Nunca se quita la banda: él es parte de la banda y la banda es parte de su personalidad. Cada vez más seguido anda de corbata, pero nunca se saca de la cabeza la cinta tricolor que dice: “Juanito somos todos”. Y, pésele a quien le pese, la leyenda es totalmente cierta: Juanito no es sólo un invento de López Obrador, es una síntesis perfecta de la idiosincrasia mexicana. Juanito es como el país y el país como Juanito.

Juanito fue el instrumento para burlar la ley. Ante una decisión, considerada injusta por los afectados (no hay quien pierda un juicio y diga “qué sabio es el señor juez”), los perredistas buscaron la forma de darle la vuelta a la decisión del tribunal: ¿cómo hacemos delegada de Iztapalapa a alguien que el Tribunal dijo que había ganado la elección interna con trampa? Para eso hay Juanitos. Juanito representa ese espíritu de la legalidad burlada o de la ilegalidad acomodada, como se prefiera. Siempre hay forma de darle vuelta a la ley, siempre hay forma de actualizar la frase atribuida a Villa: “acátese, pero no se cumpla”.

Nada es lo que parece. Juanito representa otro valor muy mexicano: la simulación. Todo se puede arreglar, la cosa es simplemente tener claro que eso que ves no es, porque lo que es no se puede mostrar. Juanito es la encarnación de la cultura del prestanombres, tan común, aceptada y recurrida por nuestra clase política y empresarial. Esos terrenos son del empresario fulano, pero en realidad el que está detrás el político zutano. La candidata es la señora tal, pero nomás para cumplir con la cuota de género, luego va a renunciar y el diputado será el señor tal (por cual). Juanito es el candidato, pero la que va a gobernar es Clara. El pueblo es soberano, pero las decisiones las toma Andrés Manuel.

Los simulados también simulan. La historia de Juanito no es distinta a las que se dieron allá en los treinta y cuarenta con los prestanombres de los latifundistas o con los testaferros de la Iglesia católica. Lo que comienza como un acto de buena fe (si quieres te lo firmo ante notario) termina en pleito o despojo. El terreno era tuyo, pero legalmente ahora es mío, así que si quieres vamos mitas. Lo que está demandando Juanito, en un acto de generosidad, él sólo quiere la mitad de los puestos de la delegación. Y que no lo cuquen porque se queda con todo. En este país el verbo simular se conjuga en todas las personas del singular y del plural, y en todos los tiempos.

Todos tranzas pero todos dignos. Cuál es la diferencia entre Juanito o un subsecretario encorbatado al que agarran en la movida. Ninguna. Los dos anteponen la dignidad por delante. La capacidad para echar el rebozazo, sentirse y presentarse como paladines de la legalidad acomodada es infinita. Es parte de la idiosincrasia nacional: en este país nunca hay victimarios, puras víctimas. Y quien tenga duda que revise el santoral de la patria en los libros de historia oficial. Eso sí, en lugar de enredarse en el reboso lo héroes lo hacen en la bandera.

Finalmente, el síndrome del ladrillo. “Los mexicanos nos subimos a un ladrillo y nos da mal de altura”, decía Carlos Castillo Peraza. Difícilmente podemos encontrar un arquetipo del mareo de ladrillo mejor que Juanito. Qué pasó para que el candidato del PT, que el 24 de junio (día del santo de su otro yo) que estaba no solo consciente, sino dispuesto, a perder humillantemente la elección de la delegación de Iztapalapa, de repente se sintiera como un posible candidato a la Presidencia de la República. En 60 días Juanito tuvo un revelación (Jesucristo tardó un poco más en este proceso) y dio el sanpablazo. A San Pablo le cayó un rayo y entendió el mensaje (no dejan de asustarme las formas tan violentas que usa Dios de comunicarse con los mortales); a Juanito lo que le cayó fue un reflector de televisión y un flashazo de Cannon. Y bueno, el señor está a punto de ponerse a escribir epístolas y de comenzar sus parábolas diciendo “en verdad en verdad os digo”

No hay nada de qué preocuparse, Juanito no llegará a la Presidencia de la República. Si Juanito toma posesión de la delegación Iztapalapa comenzará a sentir lo que es el desgaste del poder y no tardará ni quince días en sufrir la metamorfosis inversa, es decir pasar de “el gran Juanito” al inútil de Rafael. Si no toma posesión y decide dedicarse a la prédica iluminada en la que está metido ahora, se topará con la real mediatik, esto es, se dará cuenta de que su presencia en los medios no era por su carisma o su propuesta, sino porque representaba un forma de joder a Andrés Manuel. A partir del momento en que se resuelva el conflicto en Iztapalapa la droga de los medios, que tanto le está gustando, le va a costar, y ni cobrándole comisión a los empleados de la delegación de Iztapalapa que él coloque lo va a poder pagar.

Nada pues debería extrañarnos de Juanito. Es una perfecta síntesis de todos nosotros, de la cultura política que encarnamos. Lo más patético de lo patético de Juanito es que no es sino una síntesis miniatura, una caricatura a escala, de lo que es el país. Juanito es nuestro espejo.

PGJDF: Inútil

Agosto 20th, 2009 | No Comments

La ineptitud de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal es ya más que evidente. El 4 de julio de 2009 a las 3 AM un grupo en el que participaron 60 elementos supuestamente de élite irrumpió en una casa de Xochimilco para rescatar a Yolanda Ceballos Coppel, víctima de secuestro y miembro de la afamada familia con cuantiosos negocios en el ramo comercial y hotelero.

¿El resultado? El grupo de 60 personas “altamente entrenadas” no sólo no pudo neutralizar a dos hombres y dos mujeres (que eran las personas que se encontraban en el domicilio además de Coppel). Además, uno de los secuestradores tuvo tiempo para comentar a su cómplice que no pasaría tiempo en la cárcel, de disparar a la secuestrada y dispararse a sí mismo. No obstante el fracaso que representa semejante ridículo, la PGJDF declara el 16 de julio que el plagio y muerte de Yolanda Ceballos Coppel no representa para su Fuerza Antisecuestros (FAS) “ni un fracaso ni un revés” y advirtió que aplicará la misma estrategia.

Sólo una retrasado mental podría evitar ver como un fracaso que un operativo de recate termine con la muerte de dos mandos policíacos y la de la secuestrada a manos de uno de los pagiarios quien además tuvo tiempo para suicidarse.

Y no sólo es la ineptitud a la hora de resolver situaciones de este tipo, también podemos recordar la aprehensión de los supuestos secuestradores de Fernando Martí, presuntos miembros de la banda de “La Flor”, dirigida por “El Apá”. Meses después de que la PGJDF estableció que estos hombres estaban ligados al caso para simular que la Procurdauría actúa eficientemente, elementos de la Policía Federal detuvieron a miembros de la banda de los Petriciolet, los verdaderos asesinos (confesos) de Martí, quienes ni siquiera eran miembros de la misma banda.

Antes de que se pudiera destituir a Mancera por sendos fracasos, hicieron control de daños con la policía federal y con los medios. ¿Resultados? Horas después nadie culpaba a la PGJDF por su ineptitud.

Los casos quedaron, pero hoy 20 de agosto de 2009 el mismo tíitular de la dependencia, Miguel Ángel Mancera Espinosa, declaró que fueron balas de su propia corporación las que dieron muerte a los dos mandos que murieron en la ya mencionada maniobra de rescate que fracasó monumentalmente.

Admitió que los estudios balísticos revelaron que los comandantes José Antonio Moreno Sánchez y Julio Rincón Juárez fueron alcanzados por disparos de sus propios compañeros.

¿Qué?

¿Acaso la opinión pública no tiene memoria para recordar lo que el propio Mancera dijo el mismo 4 de julio?

“el secuestrador muerto tenía adiestramiento en el manejo de armas… Recibió a los efectivos con tiros de alta precisión que cobraron la vida de los mandos policíacos de manera instantánea”

No sólo tenemos una PGJDF que no cumple con su trabajo, además falla épicamente en su realización, no admite sus errores, miente sobre las pesquizas antes de realizarlas y tiene elementos mediocres que matan a sus propios compañeros.

Pero no es culpa de los pésimos elementos que terminan lanzando fuego amigo, pensaríamos que es culpa de quien integra a esas personas a una organización de élite. Pero no, tampoco es culpa de quien estúpidamente arropa miembros ineficaces, sino de quien pone a esa persona al servicio de la ciudadanía.

Pero no; en lugar de que se destituya a la persona (Miguel Ángel Mancera) que nombra a la gente que presenta resultados nefastos, se destituye a la gente que nombró. Juan Maya, fiscal antisecuestros que fue despedido esta mañana, no tiene la culpa de ser un estúpido, la culpa es de quien lo coloca en un cargo público. Todo el mundo lo sabe: La culpa no es del Indio, sino de quien lo hace compadre.

Miguel Ángel Mancera tiene que ser destituido por las tremendas fallas que ha tenido al mando de la PGJDF. Pero sabemos que eso no pasará, México es uno de los países tercermundistas que permiten la ineptitud en sus servidores públicos. Por eso el secuestro sigue en aumento, los plagiarios cobran cada día más víctimas y viven en la impunidad ante autoridades que no pueden hacer el trabajo que se les encomienda.

Periodismo y literatura

Agosto 14th, 2009 | 4 Comments

Se dice que la literatura es el arte que usa la palabra como medio, pero si la literatura es un arte, ¿qué papel tiene el periodismo?

La literatura me parece traicionera, doble cara. Muestra, según su conveniencia, verdades o mentiras a medias escudándose en la fantasía, en la imaginación o en la creatividad. Si cualquier albañil o barrendero puede incluso imaginar a un ser omnipotente que cuida cada segundo de nuestras ínfimas vidas, ¿qué valor tiene la imaginación realmente? En la literatura se admira, entonces, a quien crea absurdos que entre más disparatados son, se valúan más. La única diferencia con el albañil soñador o el barrendero creativo es que el literato sabe escribirlo con sintaxis, puntuación, ortografía y vehemencia exquisitas.

La literatura es, según los literatos, para los soñadores. En mi opinión la literatura es para los débiles de espíritu; citando a Nietzsche: para los transmundistas. Y no es que el propio Nietzsche no fuera también un transmundista, pero bien tenía algo que a casi la totalidad de los literatos les falta: severa autocrítica.

Para el periodista la realidad es el oxígeno y sus ojos son el medio, la pluma es únicamente el plato en donde se sirve sin abstracción aquello que procesó y sintetizó para que el receptor lo asimile. Los literatos no necesitan al mundo exterior para existir. Su ego es su oxígeno y su pluma es su sustento. La realidad, para ellos, es un complemento incómodo, una molesta injerencia entre su imaginación y el mundo tangible.

El literato puede creerse grande porque el espejo se lo dice, aún cuando su jerga esté plagada de barbarismos y absurdos. El literato puede creerse viviendo entre la valía y la grandeza cuando realmente repta entre la inanidad y lo grotesco; no en un plano grotesco como los de Gottfried Helnwein, sino como el de eses fecales que por accidente pisamos.

Al final del día ¿Qué hace el literato? Herman Meville mataba cachalotes blancos en su Moby Dick. Baudelaire mataba niños puros y recién nacidos en sus flores del mal, Aldous Huxley iba más allá y mataba a la sociedad completa en un mundo feliz. ¿Más allá? ¿Más allá de qué? Günter Wallraff vivió el infierno de la auténtica empatía sólo para escribir cabeza de turco. ¿Qué dieron Lovecraft o Poe para escribir sus obras? No son más que el producto de catarsis internas plasmadas en hojas de papel. Son nada y se les premia como todo. Yo digo: Mil cabezas de turcos por un cuervo, en verdad.

Al que tiene rasgos de cronista, pero no tolera la realidad o carece del talento para lidiar con ella, se va a la literatura y se convierte en novelista. Al remedo de reportero (refiriéndome a quien hace reportajes, no a quien reportea) que no soporta el peso de lo que es y lo que no es, se retira a los libros y se convierte en un best seller como Stephanie Meyer o en un Juan José Benítez (no tan best seller, pero igual de abstraído, sólo que mucho más enajenado).

En la literatura rige la opinión, con espacios para la objetividad. En el periodismo rige la objetividad, con espacios para la opinión. Sólo que el periodismo, en forma, no admite los errores, todo es cuadrado, justo como lo es la información: fría y sin condescendencias. Los matices no existen en el periodismo de calidad: no existen los medio negros ni los medio blancos. Sólo hay blancos y negros, sí y no, vivo o muerto.

Para concluir, antes es necesario aclarar que hablo de literatos y periodistas más que de literatura y periodismo porque sin literato no existe la literatura y sin periodista no hay periodismo. Hablar de “periodismo versus literatura” pasando por alto que antes están las personas que los crean, es cosa de bobos.

El periodista no necesita tonalizar oralmente sus discursos o escritos porque sus propias palabras tienen el impacto por sí mismas, no necesita compensaros con ademanes absurdos o rabietas. En la literatura, en forma, el creador sueña y quiere que todos sueñen con él, aunque su texto sea burdo y aburrido. En el periodismo (una vez más, en forma) el creador se atiene a la realidad, sin rodeos ni anécdotas fútiles: su deber es pensar en el lector y lo que necesita. En la literatura se fantasea, se da lugar a la mentira y exageración, a la presunción lúdica. Por supuesto: los literatos son egoístas. En el periodismo se establecen los hechos tal y como son, sin mentiras ni servilismos absurdos. La verdad como es, no más.